Cuando llega el Apocalipsis y millones de personas son arrebatadas y llevadas al cielo, Lindsey (Kendrick) y su novio Ben (Daley) se quedan rezagados en un suburbio de Seattle. La joven pareja hace todo lo que puede por llevar una vida normal rodeada de langostas que hablan, lluvias de sangre y fantasmas que fuman hierba.